Cómo enferma el cuerpo en la obesidad.

21 de Octubre, 2026-Salud y bienestar-Se trata de una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que va mucho más allá de una cifra en la balanza.
Hace 1 hora SALUD

El tercer miércoles de octubre se conmemora en Argentina el Día Nacional de Lucha contra la Obesidad, fijado por el decreto 330/2017. Es una fecha que invita a dejar de mirar la obesidad como un asunto de voluntad o de estética y comenzar a verla como una enfermedad crónica, compleja y con posibilidad de recaídas, que altera el funcionamiento de varios sistemas del organismo, según como la describen la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la medicina actual.

Más de mil millones de personas viven con obesidad en el mundo, y la OMS la asoció con 3,7 millones de muertes en 2024. En Argentina, la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2018, la última con datos oficiales en adultos, reveló que 61,6% tenía exceso de peso y que una de cada cuatro personas presentaba obesidad. Entre los 5 y los 17 años, según el Ministerio de Salud de la Nación, cuatro de cada diez chicos tienen sobrepeso u obesidad. Casi ocho años sin una nueva medición dificultan dimensionar el problema.

El desequilibrio ocasiona un incremento progresivo del tejido adiposo corporal.
Del hígado a las arterias

La grasa que no encuentra lugar en el tejido adiposo se deposita en otros órganos. En el hígado produce esteatosis, hoy llamada enfermedad hepática esteatósica asociada con disfunción metabólica, que puede avanzar hacia la fibrosis y la cirrosis. En el sistema cardiovascular, la combinación de insulina elevada, inflamación y lípidos alterados daña el endotelio, el revestimiento interno de los vasos, favorece las placas de colesterol y eleva la presión arterial. Hipertensión, infarto y accidente cerebrovascular figuran entre las consecuencias más frecuentes. Los riñones, sometidos a mayor presión y filtrado, también se deterioran.

El efecto es además mecánico, por lo cual el peso sostenido sobrecarga rodillas y caderas y acelera el desgaste del cartílago; la grasa en el cuello y el tórax estrecha la vía aérea durante el sueño y favorece la apnea obstructiva, que fragmenta el descanso y exige más al corazón. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) vincula, asimismo, el exceso de grasa con varios tipos de cáncer. A ello se suman alteraciones hormonales y de la fertilidad, y un impacto en la salud mental que el estigma agrava.

En niños y adolescentes, el cuadro puede aparecer temprano: hígado graso, prediabetes e hipertensión se detectan en edades escolares, anticipando décadas de enfermedad. El riesgo crece con los años de exposición, pero bajar de peso mejora la presión, la glucemia y el hígado.

No se trata solo de "falta de voluntad", también es necesario pensar en el acceso económico a los alimentos indicados como saludables.

Se come lo que se puede elegir.

La seguridad alimentaria implica acceso regular a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos, y esa condición no se cumple cuando lo más barato y disponible son ultraprocesados ricos en azúcares, grasas saturadas y sodio, y pobres en fibra y micronutrientes. La epidemiología describe una paradoja: malnutrición y exceso de peso conviven, a menudo, en el mismo barrio y hasta en el mismo hogar. Por eso los especialistas sostienen que el "código postal" pesa tanto como el código genético.

La Ley 27642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como de etiquetado frontal, busca que el consumidor identifique mediante octógonos negros los productos con exceso de azúcares, sodio, grasas o calorías, y limita su publicidad dirigida a niños. Leer etiquetas, cocinar en casa al vapor, a la plancha o hervido, incorporar legumbres, cereales integrales, frutas y verduras, reemplazar las bebidas azucaradas por agua, dormir lo suficiente y moverse con regularidad son medidas que recomiendan la OPS y los equipos de salud. Ninguna, sin embargo, sustituye el acceso económico a esos alimentos.

En materia de tratamiento, la OMS publicó en diciembre de 2025 su primera guía sobre agonistas del receptor GLP-1, que recomienda de forma condicional su uso en adultos como complemento de los cambios de hábitos. Advierte que faltan datos a largo plazo, que el costo es alto y que podrían profundizarse las desigualdades: hacia 2030 llegarían a menos de 10% de quienes podrían beneficiarse. La consulta profesional para definir un plan individual continúa siendo el primer paso.

La conclusión clínica es contundente: la obesidad no espera a la diabetes para enfermar. Detectarla a tiempo y construir entornos donde elegir bien sea posible es la vía más eficaz para que el daño no llegue a los órganos.

Un órgano que se vuelve contra el cuerpo
El tejido adiposo no es un simple depósito de energía: funciona como un órgano endocrino que libera hormonas y moléculas de señalización. Cuando se acumula en exceso, sobre todo en el abdomen y alrededor de las vísceras, se inflama y vierte de manera sostenida sustancias proinflamatorias. Se instala así una inflamación crónica de bajo grado, punto de partida de buena parte del daño posterior. Al mismo tiempo, las células pierden sensibilidad a la insulina: el páncreas debe producir más hormona para sostener la glucemia y, con los años, puede agotarse: el desenlace es la diabetes tipo 2.

Movilidad, ejercicio, más una dieta saludable colaboran con el desarrollo de una vida física plena.

Una nueva forma de diagnosticar
En enero de 2025, una comisión internacional propuso diagnosticar la obesidad más allá del índice de masa corporal (IMC), que no mide la grasa ni su distribución. Distinguió entre obesidad preclínica, con exceso de grasa sin afectación de órganos, y obesidad clínica, cuando ya hay disfunción orgánica o limitaciones cotidianas, considerada enfermedad en sí misma. Otros expertos advirtieron sobre el costo de ciertas mediciones y la dificultad de aplicar el esquema en la atención primaria.

Fuente: diarionorte.com

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