












En el marco de la celebración del Día de la Madre, el arzobispo primado de la Arquidiócesis de Santiago del Estero, Cardenal Vicente Bokalic CM, compartió un emotivo mensaje dedicado a todas las madres santiagueñas, resaltando la entrega diaria, la paciencia y el amor incondicional con el que sostienen a sus hogares.
Durante su salutación, el pastor diocesano hizo especial hincapié en abrazar las distintas realidades que atraviesan la maternidad: desde aquellas que celebran junto a sus hijos y las que esperan la llegada de un nuevo integrante, hasta quienes transitan momentos de dificultad económica, enfermedad o dolor. Asimismo, tuvo un recuerdo muy sensible para las madres que despidieron a un hijo y para quienes honran la memoria de sus propias madres fallecidas.
La madre es custodia de la vida, maestra del perdón y pilar fundamental en la edificación de una comunidad más humana y fraterna", expresó el Cardenal en su misiva.
Un llamado a la esperanza y la oración
El arzobispo invitó a elevar una acción de gracias a Dios en este domingo especial y encomendó a las familias bajo la protección de la Virgen María. Finalmente, aseguró su oración en la Santa Misa por cada madre de la comunidad arquidiocesana, deseándoles una jornada de paz y la bendición en sus trabajos y hogares.
El saludo completo:
Queridas madres de nuestra comunidad de Santiago del Estero: En este Día de la Madre, quiero llegar a cada una de ustedes con un abrazo fraterno y la bendición del Señor. Ser madre es reflejar en el mundo, de manera única, el amor incondicional, la paciencia y el cuidado que Dios tiene con cada uno de sus hijos.
Conozco y valoro profundamente la entrega diaria con la que sostienen a sus familias, el esfuerzo silencioso en medio de las dificultades y la luz de esperanza con la que transforman la vida de sus hogares y de nuestra sociedad.
En este día quiero abrazar de manera especial a todas las realidades de la maternidad: A quienes celebran con alegría el don de la vida y la compañía de sus hijos. A quienes están esperando con ilusión la llegada de un nuevo hijo.
A las madres que atraviesan momentos de dolor, enfermedad o necesidad económica, recordándoles que no están solas. Y de modo muy sensible, a aquellas madres que hoy recuerdan a sus hijos que ya han partido a la Casa del Padre, y a quienes recuerdan con afecto a sus propias madres que ya descansan en la paz del Señor.
En este domingo en que celebramos el Día de la Madre, elevemos nuestra acción de gracias a Dios por el don maravilloso de la maternidad. La madre es custodia de la vida, maestra del perdón y pilar fundamental en la edificación de una comunidad más humana y fraterna.
Que la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, la que supo guardar todas las cosas en su corazón, abrace a cada una de sus familias, les conceda paz y renueve sus fuerzas en el amor.
Les aseguro mi oración en la Santa Misa por cada madre de nuestra comunidad arquidiocesana. Que Dios bendiga sus vidas, sus trabajos y sus hogares.
¡Feliz y bendecido Día de la Madre!
Con mi afecto y mi bendición de pastor.
Fuente: El Liberal