hace 1 hora - MUNDO
“Soy Héctor Daniel Flores Fernández, y soy una víctima de desaparición forzada. El 18 de mayo de 2021, con tan solo 19 años, mi vida dio un giro desgarrador: aproximadamente a las 6 de la mañana fui sacado de mi hogar por personas que se identificaron como policías investigadores. Mi pareja y dos testigos más fueron testigos de este horror. Ese mismo día, mis padres, llenos de angustia y desesperación, se dirigieron a la fiscalía…”
Así es como en un video, el mismo joven, a partir de su imagen modificada y acompañada por una voz recreada con inteligencia artificial, narra su propia historia de desaparición con la intención de que llegue a quienes puedan aportar algún dato sobre su paradero.
El relato de Héctor Daniel continúa describiendo cómo, ya en la fiscalía, sus padres fueron informados de que alrededor de las 10:30 de la mañana lo habían puesto a disposición en el penal de Puente Grande. “Sin embargo, hasta hoy, en el año 2024, siguen sin saber nada de mí; la incertidumbre y el sufrimiento de mis padres son insoportables”, se escucha decir a su voz recreada.
Al darse cuenta de que generaban mayor empatía y un impacto más profundo que las fichas de búsqueda tradicionales, el colectivo Luz de Esperanza, fundado en Jalisco en 2021, comenzó a desarrollar desde hace aproximadamente dos años —hoy con un nuevo impulso— el formato que ahora llaman “fichas vivas” para la búsqueda de sus seres queridos desaparecidos.
“No es lo mismo que te aparezcan, como ahorita, cientos de fichas, desgraciadamente, a compartir en las redes sociales, a que veas un video de la persona desaparecida explicándote, a raíz de la información que tenemos los familiares, cómo fue su desaparición, ¿no? Y que esta misma persona esté exigiendo justicia, memoria”, señala Héctor Flores, uno de los fundadores del colectivo tras la desaparición de su hijo Héctor Daniel hace casi cinco años.
Explorar la manera de hallar esa mayor empatía con las fichas vivas surgió de la necesidad de contrarrestar el estigma que desde hace muchos años pesa sobre las personas desaparecidas, derivado del discurso político que sostiene que terminaron en esa situación porque “en algo andaban”, afirma el padre buscador. Para las familias de su colectivo, el efecto de las cédulas de búsqueda animadas ha sido muy potente, poderoso.
“Son difíciles de ver para nosotros. Yo creo que causan también un impacto parecido: una persona que no tiene un familiar desaparecido al escuchar que una persona que ya no está te está contando lo que le pasó”, apunta.
Héctor explica que para generar cada una de estas fichas primero se debe contar con autorización de la familia; la posibilidad está abierta a todas aquellas que lo deseen. Una vez que expresan interés, se pide la información, como carpeta de investigación, el número de reporte ante la comisión de búsqueda y la cédula de búsqueda oficial, garantizando la protección de datos personales.
La familia misma escribe lo que desea que su ser querido diga, y se hace una adecuación al tiempo y al formato. Luego se devuelve a la familia para obtener su aprobación final y una vez que se cuenta con ella, se envía a dos organizaciones que trabajan con el colectivo, Justicia Unida, fundada por una sobreviviente de trata en Estados Unidos, y Find Hope, que se encarga del tema de la tecnología, los programas y el diseño de las fichas.
“Imagina a esas familias que viven con la incertidumbre y el dolor constante. Mantén viva esta causa y difunde el mensaje para que más personas se unan y se sumen a la lucha contra la impunidad. Demostremos al mundo que no permitiremos más desapariciones forzadas”, añade la voz recreada de Héctor Daniel en el video.
Ahora que ya han transcurrido un par de años de su experiencia con las fichas vivas, el colectivo estará usando la inteligencia artificial en el próximo contexto mundialista para explicar qué significa para las familias buscadoras que la Copa del Mundo se lleve a cabo en México.
El video que están circulando desde hace unos días comienza con un cuadro donde a la izquierda pueden verse imágenes de la fiesta animada de mundiales pasados, y a la derecha un fondo negro con texto que recuerda: “Más de 130,000 desaparecidos en México. Decenas de miles en Estados Unidos. Millones en el mundo. No son cifras. Son nombres. Son vidas. Son familias… que siguen esperando. Recordarlos… también es buscarlos”.
“El mundo se prepara para el mundial. México está listo. USA está listo. Canadá está lista. Billones de dólares para 2 semanas”, se lee en la siguiente pantalla. Héctor Daniel es la primera persona desaparecida que dice, con ayuda de la inteligencia artificial, que las familias no están en contra del mundial ni de la alegría ni del futbol, ni de lo bueno que puede traer —unión, esperanza, inversión, orgullo.
“La gente merece celebrar —continúa—, México merece sonreír, pero mientras el mundo pone sus ojos en la fiesta, mientras el gobierno invierte miles de millones en estadios, no podemos ignorar otra realidad: hay más de 130 mil personas que siguen desaparecidas en México, más de 130 mil familias que viven en incertidumbre, que siguen buscando sin parar”.
En entrevista, su padre explica que la idea es que mientras aparecen las fichas de desaparición, sus seres queridos hablen, mediante la innovación tecnológica, sobre lo que para las familias del colectivo Luz de Esperanza significa el Mundial 2026: “para nosotros es importante en el sentido de la oportunidad, la ventana internacional que se nos está aperturando por primera vez”.
Aclara que no están en contra de que se lleve a cabo, sino del excesivo gasto público en cuestiones de mejoramiento urbano y estética para ocultar las crisis por las que atraviesa México, cuando ese presupuesto es tan ilógico, tan dispar, en relación a las verdaderas necesidades de la nación. “Ese es nuestro problema, pero también es una oportunidad”, puntualiza.
Animal Político publicó en marzo pasado, ante la organización de familias de personas desaparecidas en el Ajusco que también planean llevar su protesta al Mundial, que mientras entre 1,500 y 2,000 millones de pesos se invierten en cada una de las tres ciudades sede en nuestro país —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— para albergar encuentros programados durante un periodo de tres semanas, en los últimos años el gobierno de México ha destinado apenas entre 1,100 y 1,200 millones de pesos anuales a la búsqueda de personas.
Héctor critica que, además, los gobiernos federales, estatales y locales están en una posición de ocultamiento y negación de la crisis, de manejo político e ideológico de los datos y las cifras con las que cuentan, por lo que es la oportunidad de conectar con los turistas y los medios internacionales, y mostrarles la realidad de lo que está pasando en México.
“A pesar de que ya vino el Alto Comisionado, para nosotros fue como un mero trámite. Vino muy político y en un papel muy diplomático, dejó un mal sabor de boca para la mayoría de los colectivos, entonces conectar, y que vean y que sientan la realidad de lo que está pasando. Es una crisis sin precedentes en ningún país. “Ningún país se le acerca a México con tantos desaparecidos”, señala.
Hace énfasis en que las familias buscan aprovechar la justa deportiva para, a través del deporte y lo que representa en su estado más puro —dejando de lado la mercadotecnia y a la FIFA–, es decir unidad y todo lo bueno que se obtiene de él, reivindicar la memoria de aquellos que hacen falta, y potenciar esa lucha mediante el futbol, la justicia y la memoria.
Josué Lugo, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), inició un proyecto sobre macrodatos, internet e inteligencia artificial para estudiar iniciativas como la del colectivo Luz de Esperanza, y cómo los movimientos sociales hacen uso de las tecnologías que resultan muy potentes, por su aplicación tangible. También han sido parte de ese equipo interdisciplinario el investigador Edgar Zúñiga y la investigadora Cruz Tornay.
“Hemos hecho este equipo para aprender de cómo están haciendo apropiaciones disruptivas de la inteligencia artificial, desde ahí también generamos este concepto para ver si ayuda en algo para entender cómo sí, la IA es una cosa de angustia social muy fuerte, de precarización laboral, pero hay posibilidades de apropiárnosla disruptivamente con los ejemplos que en este caso, devienen mucho del movimiento social del colectivo Luz de Esperanza”, explica.
El investigador hace un recuento de cómo a partir de 2022, fecha que marca la eclosión de la IA en la sociedad, comenzó la observación de las posibilidades que tienen las personas ante ella, y detectaron el uso de la IA por parte de las madres buscadoras. Luz de Esperanza ya lo hacía no solo en Facebook, sino en Tiktok, a través de recreación facial con inteligencia artificial generativa.
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Así se empezaron a relacionar con el colectivo, que eventualmente acudió a la UNAM como un primer acercamiento. Luego vino la conversación con otro, y “nos muestran la potencia de su acción política, nos muestran lo que están haciendo con inteligencia artificial, y les preguntamos si podemos empezar a hacer un proyecto de investigación formal”.
Lugo subraya que se trata de una labor conjunta. A partir de ese trabajo, publicaron los primeros resultados de su investigación en la revista Interdisciplina, que serán presentados en la UNAM al propio colectivo, pero el objetivo máximo es constituir tecnologías que den autonomía digital. Ese primer artículo fue un diagnóstico del colectivo Luz de Esperanza, pendiente de presentación, pero en un siguiente paso están planeando talleres participativos, y después ampliar la invitación a colectivos de la Ciudad de México.
“Lamentablemente, el tema de desapariciones se está extendiendo. Yo soy del Ajusco, nací en el Ajusco, y me está tocando directamente el tema, porque en el Ajusco ya está pasando mucho. Hay colectivos que se están aglutinando en donde yo nací, entonces intentaremos ampliar el diálogo; en un tercer momento ojalá que podamos pensar en este concepto de tecnologías soberanas, este tercer nivel ya es más utópico”, apunta.
Al pensar en otras futuras aplicaciones de la IA en el mismo terreno, el investigador advierte que es necesaria la interdisciplinariedad y gente de tecnociencia que ayude a traducir los planteamientos sociales en planes concretos, y eso requiere además de la voluntad política y de remover muchas opacidades que no son propias de las tecnologías, sino de las personas.
Recuerda, y es enfático al decirlo, que la IA se hizo para trabajar más por menos, para generar plusvalía, es decir, trabajo no remunerado para los grandes magnates. Lo que se estudia hoy es subvertir ese orden y decir “está hecho para eso, pero en este momento de nuestra existencia qué podemos hacer para subvertir esa maximización de ganancias y pensar en una IA más colectiva —inicialmente pensada para individualizar”.
“¿Cómo le damos esta subversión a través de lo colectivo, a través de detenernos a pensarlo? Porque va muy rápido, hay que detenernos a pensarlo, a través de aprender de grupos subalternos, como las madres buscadoras, como los migrantes, como las comunidades minorizadas que son muchas comunidades originarias, tzotziles, mayas, que están pensando también este tema”, cuestiona.
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Aunado a ello, es también necesario atender los riesgos que necesariamente ha generado esta iniciativa, como el uso de la inteligencia artificial también por parte de grupos criminales para extorsionar, como advierte igualmente Héctor. En ese punto, una mayor alfabetización podría ser de utilidad. El buscador, por su parte, hace la principal recomendación de contactar primero a las autoridades ante cualquier situación de solicitud de dinero.
“Exijo a las autoridades que cumplan con su deber y realicen una investigación exhaustiva para localizarme con vida. Cada día que pasa mi esperanza se mezcla con el miedo, y clamo por justicia y verdad. El delito de las desapariciones forzadas es un monstruo que sigue creciendo día con día y quizás no te ha alcanzado todavía, pero si no nos unimos, desgraciadamente es cuestión de tiempo”, advierte como punto final Héctor Daniel en la recreación que le vuelve a dar vida.
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